30 de marzo de 2015

UN LUGAR MENOS...

El peso del alma...

Ése que en un principio, no deja respirar, y nos obliga a vivir, casi en un constante estado de asfixia...
Luego, se va arrimando, imperceptiblemente hasta que, hombro a hombro, parece ya pertenecer a nuestra piel: ajusta los latidos, hasta que los confundimos en uno y luego ya, nuestro peso cambia, nos da respiro.

Porque puede, porque cabalga hasta el corazón junto con nuestro pulso cotidiano.

A veces, sólo a veces, cuando bajamos un poco la guardia, se descontrola y pierde la guía de nuestras venas, y es ahí, cuando sentimos nuevamente el peso aquél, desbocado, desorientado. Pero con todas sus razones, con todas sus excusas, hilvanando cada foto en el borde del recuerdo fuertemente, para que no se olvide el sentimiento.

Para que no dejemos de pulsarlo, en la cuerda del tiempo...

Han pasado muchos trenes cercanos a mi huella, ninguno ha hecho aún, estación en mi vereda. Pero sí han marcado humeantes y quejosos, las dormidas huellas de otros que partieron; como hoy, como ayer, como tantos...que ya no quiero, que ya revelan mis sentidos ante tantas ausencias sin respeto, sin aviso, sin...quererlo. 

Un lugar más en mi gran mesa, ya vacío. En mis brazos, un lugar menos... Ocupado sólo, por este irreverente peso.

Allí está  hoy, hilvanando con hilo encerado, las pulsaciones de otros tiempos, con imágenes en blanco y negro, otras más coloridas, otras apenas ayer, atardecidas; lleva varias páginas, en ese antiguo álbum, las aferra con denuedo, siempre con la misma devoción en estas hojas desvaídas, entrelazadas con mi alma, desde el día de mi nacimiento...