19 de abril de 2013

RETÓRICA

Los retratos, si se besan a deshoras,
despiertan a latidos del letargo, 
palpitantes a las venas entramadas;
trenzando cuerpos, espíritus y anhelos,
inflamando pieles, labios y suspiros, 
pupilas, murmullos y deseos...
El alma, conoce sus senderos
que recorre segura y seductora
con los ojos cerrados del pensamiento.
Las monárquicas pausas de los cuartos,
artilugios de pasadas cobardías,
sólo marcan de ausencia y soledades
las esencias inmoladas en el pecho.
No perder la fe en la presencia,
abrir las alas de las almas, 
refugiarse al sur de la esperanza.
El camino bordeado de añoranzas, 
el infinito albor de la llegada, 
la dulce espera, clavada en la mirada.