27 de noviembre de 2012

SI NO VUELVO...

En este presente que marco hoy  con mis pies, caminando sorprendida  las  arenas de estos impredecibles tiempos,  de vientos tan indefinidos, tal vez me aleje demasiado y si ya no vuelvo -porque el horizonte se enamoró de mí, me llenó de abrazos, y de somnolencias del futuro que pudiera ser - no quiero que te quedes sin nada de mi ser, porque me amas. Porque te amo.
Es por eso que te dejo mi intestado corazón, con algunos remiendos, y demasiadas costuras- algunas medio sueltas- pero que sigue temerario,  peleando a muerte por ser eterno, en amores férreos, en amistades desperdigadas, en vientos inasibles pero propios, en nacimientos de plumajes en colores, en libertades, en justicias y en infinitas pinceladas de promesas arraigadas.
También te dejo la voz en mi garganta, que fue creciendo tanto, que en ella quedaron anillos de voces superpuestos y acomodados,  echos de silencios, algunos solitarios y otros compartidos; también de  los que buscan aguerridos el grito, de coros tribales, de alegrías, de gozo o de lamentos.
No permitas que se pierda su fuerza, aliméntala con dulces y tiernas palabras, con recuerdos transmitidos, con enseñanzas ahondadas y regaladas a cada niño, joven, adulto o anciano que esté necesitado de ellas, que no comprenda, que se angustie o sufra por su ignorancia de afectos, de hechos, de vidas.
Déjala beber lecturas espirituales, solitarias, tristes, alegres y enamoradas, si no lo haces de ella no quedará nada, sólo una seca, mediocre y penosa garganta.
Y por último, mi sangre, diáfana ya de tanto deambular  luces y de transfundirse con amaneceres y ocasos, surcando polvos de estrellas, profundos cielos de azules intensos, abismos apasionados. Deja que te guíe cuando hierve, porque ya conoce la senda y te llevará directo al puerto del destino correcto, encendiendo las señales para que encuentres el camino de lo justo y la equidad, del amor y de la paz.
No permitas que nadie tenga acceso a ella ni la contamine, porque ella es la que descifra los códigos que te llevan hacia la libertad; ella  sabe dónde tienes tus alas escondidas y a ellas te llevará.
Deja que se bañe en rayos del sol de primavera y que se envuelva con los de otoño, en apretada bufanda, inspirando poderío y respirando renuevos de fuerzas en la fe en un Dios aún más eterno, Único.
A  Él le dejo ir mi espíritu, fue suyo desde el pasado.
¿¡Qué de mi alma...!? Mi alma me la quedo yo, no me la pidas.
Con ella me esconderé en la tuya, bajo ese rincón que con exquisito amor dibujamos...