21 de noviembre de 2012

PLOMIZO --cuento--

Bella, caminaba lento por el borde de la plaza, el cantar de hojas mustias le traían lejanos reflejos dorados a su adormecida memoria.
En los lomos de ése otoño, se desgajaban tristezas profundamente guardadas, de veranos que se le antojaron eternos, en otros momentos, en otros pasados.
El sol deslizaba suavemente sus rayos acariciando su rostro luego de tanto, inundando su cuerpo de agradable calor y envolvente placer, alejado de sí tanto tiempo.
Lentamente llegó frente a la fuente, y se sentó en la banca. De la bulla de afuera, sólo le llegaba el eco; su mente sólo escuchaba el agua cantarina y el arrullo suave de las palomas...
Nada de lo que tanto amara y  disfrutara un día, parecía afectarle ahora. Su realidad se había vuelto pesadilla, envuelta en letras y moldes, entre tintas y llamadas anónimas, entre presiones del alto mando, los otrora días felices del trabajo que amaba se habían vuelto grises y llenos de angustia, de tensión...
Cuando militaba en las juveniles de la facu, en algunas ponencias ante sus compañeros de periodismo, había tenido debates más de una vez con respecto a estas situaciones, cómo enfrentarlas, cómo denunciarlas, hacer los seguimientos y tanto más.
Pero jamás imaginó que ella sería protagonista,  que estaría en el ojo del huracán.
La primera vez que se acercó a ella por la espalda, un hormigueo infernal y denso la recorrió en el acto, llenándola de zozobra y estupor, paralizándola. Fueron apenas unos segundos y ya él la sujetaba con fuerza impensada.
El resto fue....cenizas.
Así, se habían vestido sus días a partir de entonces, una gran nube de grises tonalidades  la inundaba, cada vez que abría sus ojos. Era como si el entero mundo se volviera monocromático, insípido y fantasmal. Sus palabras resonaban en eterno susurro en los recovecos de su mente: "En el momento que hables, te demandaré por histérica... todos se enterarán de que eres mi amante...desde hace tiempo... y a qué le debes tu ascenso... Y si aún así no callas, conocerás el infierno, sabrás lo que es ser noticia de tapa posando en una mesa de"
Su ascenso, inocente ella en el festejo propio de saberse valiosa y apreciada en el pequeño gran mundo, por el que tanto había trabajado.  El precio de su vida entera, la tumba de su alma.
El tiempo que había tardado en reunir toda la furia, la pena, la angustia, el coraje y la vergüenza, ovillarlos bien prieto en su pecho y mantenerlos encendidos, la volvió una figura más de historieta de terror; enmarcada por su pelo azabache, sus ojeras azules y labios de color cera resaltaban en lívido cuerpo, que iba destilando su alma en peso...
Y al fin, el día. Sabía que era un error no haberle contado a nadie, ni a su mejor amigo, pero esto... la había sacado totalmente fuera de su estructura.
Contar lo del secuestro la primera vez que intentó denunciar, era lo más difícil que debía enfrentar. Por eso no quiso decir nada, a nadie, siquiera que había vuelto; su familia era del interior y sabían por experiencia que si ella no se comunicaba, era porque estaba fuera, investigando, estudiando, perfeccionando, dejando vida, dejando... Por eso, no la habían echado de menos esas primeras dos semanas, ¿o fueron dos siglos? O una eternidad, ya el tiempo no la tocaba...
Las diferentes voces rondaban en su cabeza, logrando que una espina de dolor se clavara permanente en sus sienes, profunda e inamovible, pero había una, que volvía su dolor una tortura. Su cuerpo después da cada invasión, de cada herida, de cada golpe, de cada ultraje, iba perdiéndose en las lejanías del universo, desapareciendo, intangible casi.
En el perdido documento de sus recuerdos, creyó encontrar  el hilo de las cosas, la unión de las dos hebras de letras y de voces tintes. Como un experta consola cerebral, su mente codificaba todo, sonidos, hechos, mensajes, amenazas. Hasta que de nuevo, a su ser entero le urgía escapar.
Escapar... si, suspiro recurrente que dentro, no se dejaba apagar.
Ni sabía como, pero en un rayo de sol, le vino prendido un vestigio perdido de coraje y fuerzas ya olvidadas. No la higienizaban desde que llegó al hoyo, y ése día, sin anticiparlo, se les ocurrió hacerlo. En el segundo que sintió sus extremidades libres, el resorte de su instinto la catapultó hacia la primera luz natural que veía en días...
Y corrió. Tanto, tan fuerte, sin conciencia de dolor alguno, sin mapas mentales, dejando los días sin alimento, sin casi agua, del dolor más profundo que alguna vez hubiera pensado que se podía sufrir, del abrazo helado y huidizo del fantasma del tránsito perpetuo. Corrió hasta que el último latido de su debilitado corazón, le golpeó los oídos y dejó su mente en un pacífico blanco, envolvente, suave y nebuloso...
Luego, el ir y venir de gente en batas verdes y blancos guardapolvos, la sumió en un mareo diferente, un largo mes más.
Pero aquí, se terminaba la pesadilla principal, el terror, el abuso de poder, de privilegios, la malversación de información y cada uno de los ítems de su anterior investigación, ésa por la que pensó que había obtenido su ascenso, justo a tiempo de terminarla. La "culpable" de cada uno de sus minutos de pesadilla...
Caminaba como si los pies fueran un mundo, lleno de llantos cada uno, con rodillas de barro flojo, pero llegó al fin, en algún momento del día, que ni siquiera recordaba. Mientras   aunaba    recuerdos necesarios, subía lánguida pero firmemente las escaleras de la Policía Federal, esperando ver la figura que sabía ser su respaldo emocional y espiritual.
Y allí estaba, con los  jeans y  remera gastados de siempre y un chaleco castaño, que sumado a su pelo de un rojo  desteñido, le dio un leve toque de color a su panorámica en negro y blanco. Mirar a sus ojos, fue el rasguño en el cristal de su alma, quebrándola en millones de astillas.
Cuando las lágrimas lavaron suficiente su mirada, había pasado más de media hora, acurrucada en el hombro de su amigo, de la vida, del alma,  su hermano; y se dio cuenta de que también su alma se "sentía", y más limpia, dejándola reconocer de a poco, los colores  cálidos de un nuevo otoño.
Estrechamente juntos, terminaron de subir las escaleras y abrieron las puertas de la esperanza hacia la justicia.