14 de noviembre de 2012

LA TRANSA

Otra vez, la narcisista búsqueda de perpetuarse en el poder...
 Demostrado está desde pasadas épocas, también en siglos, si contamos, que lo más sano para un pueblo es no dar la re-, o re- re- elección a un gobernante, no tanto poder, no tanta capacidad para hacernos daño, nos guste o no. Para que recordemos, dado que "se pelean los hermanos", todos pasamos los "tiempos de plomo argentinos", unos debajo de las botas, otros calzándolas; aunque no fueron sólo "dos lados" los de la moneda...
Lo triste es que dentro de nuestras tan ponderadas libertades, como pueblo democrático y en Sudamérica, quedemos presos dentro de nuestro terreno, de nuestra propia casa, sin capacidad para elegir sin que seamos encasillados, o declarados enemigos de la patria casi, desde enfrentar la posibilidad de la muerte por la imposibilidad de acceder a medicina desde el exterior, dónde pasar las vacaciones ni con qué pagarlas.
Ver cada vez más lejos la oportunidad de estudiar en el exterior, hasta cómo pasar las fiestas o directamente no poder pasarlas; todo ello recorriendo toda la variedad de "no puedes o no debes" de por medio.
Como dije antes, todo se termina y las épocas de "mamar de gratis" también.
Los caudillos sólo cantan en contra cuando todos son indios de poca monta, luego que llegaron a ser caciques, se dedican de lleno al juego más lucrativo, la transa y la prostitución del ideal, de la meta: el BIEN PÚBLICO.
Cada uno de los gobiernos de este país desde que se logró la independencia, y con... ¿un par?... de "excepciones", se ha dedicado a chupar la sangre de los paridos en albiceleste. Y hoy por hoy, no hay diferencia, ni oposiciones dignas por su labor, de acusar con el índice sin que los otros tres dedos apunten hacia ellos mismos.
Duele, y cómo, ver que somos presos de nuestros propios designios, o los ajenos. Y duele mucho más ver al pueblo otra vez en la calle, buscando la pureza del hecho, en justo reclamo por las acciones de un gobierno que se cree Dios y destino.
Más allá de los que buscarán salir favorecidos de una u otra forma, que seguro los habrá, el dolor de un pueblo, con su dignidad violada, a plena luz del mundo y con venia de algunos "vecinos" amables, es el que pedirá justicia, reclamará y levantará su voz, en las calles, las veces que lo crean necesario.
Es más triste de ver, cuando la crueldad, no viene de los acostumbrados brazos masculinos del poder, sino de unos que sostuvieron hijos, paridos nada menos que de la injusticia de la gomina; brazos que hoy tienden la cama para los que aceptan las bajezas y las ejecutan, impuestas a otros hijos, como los suyos propios, los nuestros, todos argentinos.
Ahhh, un pueblo agotado, con el alma cansada...

Lo último que necesitaba, era esto: el egoísmo más puro y cruel, vestido de encarnado luto.