24 de octubre de 2012

TE QUIERO, LIBRE...

Por ti, mi pueblo, mi voz. Por ti mi tierra...
Cómo duele la traición en tus entrañas, que no puedas jamás abrir tus brazos serena, por los que siempre te disipan y te engañan...
Cómo se queman mis ojos al verte rendida, azorada, árida de tu verdor, de tus agallas, de aquel indómito que te recorría, que te adornaba...
Y mis oídos heridos de tanto beber desconsuelos, de hermanos, de abuelos, de padres, de ingenuos; de madres pariendo en un suelo que ya ni saben si será bueno, si será suyo, si será patrimonio de los que ya nacieron...
Si te regalan y  desprecian,  Albedrío ya no será más tu nombre, ya no te rodearán en tiernos brazos los innumerables vientos de libertades, de amores vernáculos y bramidos, de emancipados corazones...
Te lloran, los que siempre te aman, los que te acunan en su pecho, como símbolo de aquel cielo que no quieren perder jamás.
Te lloro y mi lamento plañidero ya nunca volverá, quedará  atalaya por los aires, esperando y combatiendo por justas rupturas de caretas, de cadenas, de falacias, de regencias sin argumentos. De humanidades despilfarradas, de burlescas reverencias por los antiguos muertos, que velamos muchos huérfanos...
Qué cansada está mi alma, de verte en procesión eterna, como si para ejercer derechos tuvieras que pagar con sangre; tu sangre, la nuestra, un trance eterno, que jamás termina, que no tiene fueros...
Se duele mi pecho por estas injurias, pero no creas que me detengo: a esto se aferraba, mi lejano "Si, prometo".
Argentina hasta mis tuétanos, amante de libertades,  avizora de transgresiones, de impunidades, de lícitos descontentos, de reclamos silenciados de éste, que es mi pueblo.
Mírame, aquí estoy, enamorada de ti, mi patria, pero libre.
¡LIBRE, ARGENTINA, LIBRE TE QUIERO!