15 de octubre de 2012

LA VENTANA



Simulando... Con sus ojos claros velados por las espesas pestañas.
Simulando, que no veía, que no importaba, el volar de plumas desde su ventana...

La misma que a retazos le dejara ver  jirones de cielos alegres, con bandadas de trinos que empalagaban su ser... Que la tentaran a irse,  sola con su espíritu, y escapar volando.

Al mismo cielo que oscurecía a veces, en el azul verdoso de su mirada, mientras le hacían eco a los moretones del pecho, a las sombras en sus ojos, a la tormenta de su alma...

Su alma. Que se iluminaba, sólo al evocar el geniecillo bullanguero, que llenara de risas, de música, de sonido, cada renuncia de su mente, haciéndola renacer. Haciéndola luchar por seguir viva, por pegar el salto...

El salto a otra vida,  con otro padre para su hijo, con otra mirada por la mañana, sin angustiarse por su presencia; sin embestidas en las tinieblas, sin oscuridad en la voz amenazante...

La voz que algún día le recitara amor, juntando claveles, cantando romances. Haciendo promesas en diminutos papeles, que huían livianos, a través del antiguo enrejado.

Aquél enrejado, que hoy le mostraba el cielo a jirones, como su pecho, que le marcaba aún más la prisión a sus pensamientos, a sus emociones, a sus libertades. El mismo que llenara de hierros negros a su horizonte, de prisión a su voz cantante, de temores ciegos por su retoño, de pavores de lunas llenas.

La luna, la única que pareció ver la última vez, cómo  él victorioso quebrantara, todas las defensas de sus pensamientos. Los que buscaron en súbita estampida, un  fugaz refugio del humillante maltrato.

Huyendo en etérea salida, sin que los detengan ya, ni marcas, ni encierros, ni puños, ni  rejas, ni oscuridades amenazantes.
Flotaron libres, para siempre, desde lo más profundo de su mente.
Al fin se había abierto la ventana.