12 de octubre de 2012

LA BRILLANTE FLAMA

De estallidos decadentes, ahogándote en tu mar de rítmicas  ilusiones, en el fragor de la música de tu ira vagabunda, arde la vieja llama, arde profunda...

De degeneradas pasiones, reunidas todas en la misma calle, al ritmo de tu marcha, al ritmo de la muerte calcinada, con sonares de platillos,   que en tus manos me esperaba...

De prisiones decrépitas, incapacitados para volar  realmente, sin el mendigo permiso de un obsceno follaje, enredado en la brasa que ilumina este ajeno paisaje...

De delirios demenciales, llenos de porfiada competencia, de hasta dónde podemos ganarle a la cordura, quemando las gargantas con la niebla, liberando la máxima demencia.

De canciones decadentes, aulladas al unísono del sonido crepitante de la última suicida danza; esta que me llevará sin sentirlo, al pogo surrealista, de la fantasmal agonía de mi muerte...

De chantajes de derechos, por presuntas libertades, recitadas en los trapos y denegadas a mi alma, quien subió este grito a mi garganta: para ti, en tu memoria: ¡Brilla mi Fantasma!