5 de octubre de 2012

HISTORIA DE UN CAPULLO

Mientras su fresca mirada  revoloteaba tras las mariposas, se podía ver su sonrisa, la transparencia de su ser, brillando a través de sus mejillas de rosas.
Su danzante caminar , su garganta de plata, su cantar argentino, a su paso los domingos, alababan en  la plaza.

Su voz en misa era la más bella y esa luz en su mirada, dejaba entrever su inocencia nevada.
Pero un mal día, su cantar se apagó. La luz que compartía, en sus ojos se murió.

Sus pasos la llevaban, a duras penas hasta el aula. 
Su garganta dejó queda, la canción que recordaba. Su oración no era la misma, no rezaba.

Se quedaron los domingos, sin cantares y sin plaza...
Las mejillas no alumbraban en aquella secundaria, y por más que confesaba, no quedaba en paz su alma. 

Se volvieron sus días de pizarra, y poco a poco, su ser se alejaba.
No comía, no bebía, no volvió a dejar su cama.

Papá, impotente miraba y mamá lloraba su rosario entretanto, su flor se marchitaba...
Juntos una tarde de desesperación, decidieron que era tiempo de darle la extrema unción.

Había que salvarla, "Venga, padre*, por favor". 
Esperaron mientras tanto, él pedía confesión y  le daba bendición.

El tiempo que pasaba, decidieron ingresar...a las puertas del infierno, pues era horrible de mirar. 
Aquél cura ya "bendito", sujetaba con delirio, el cuerpo ya sin vida, sin latido ni calor. 

La sotana por el piso, y abajo el pantalón, la seguía abusando, sin tenerle compasión. 
La madre pegó un  grito que  retumbó hasta la plaza, la misma que ya nunca, la voz platina escuchara.

El padre, soltó un rugido, y al cura casi lo mata...
Aquel otrora pimpollo, de angustia soltó su alma, que mejor estaba muerta, que en misa de mañana.

El pueblo quedó dolido, la plaza deshabitada.
La iglesia quedó sin gente, sin domingos, ni campanas.
Los padres quedaron vivos, pero su fe les quitó el alma. 

        


*Sin mayúscula, porque Padre, hay uno sólo: Dios.