10 de octubre de 2012

AHORA, SOLEDAD...

Soledad había hecho su camino, de huellas aprendidas, de filósofos eruditos, de sonrisas bien dispuestas y de futuros compartidos.
En algunas promesas hechas, en algunos intentos fallidos, sus ensueños quedaron mustios, en sanguinolento estallido.
Buscando una vez la meta, de hacer de leyes los días, de defender al desvalido, su propio grito de auxilio, no llegó a tiempo a destino.
Aberrante el encono del obsesivo, estudiando su plan paso a paso, mejorando el perverso designio.
Que no le importara su alma, llena de planes encendidos, como la luz de su mirada, era sabido...
¿Cómo hubiera podido?
Nunca pudo acceder a la tibia consistencia, de los pilares de sus pensamientos, de la profundidad de sus principios. De la visión que aunque quisiera,  jamás compartieron...
Ella no era como él, ella era sólo un sueño.
A miles de distancias, el ingenio de ella, de su simple cerebro...
A miles de distancias, inalcanzables para el  codicioso, insuperables para aquél necio.
Eso fue lo que al final, marcó su precio: la muerte, arrebatada desde el egoísmo de aquellos envidiosos que pretenden, aún en lo robado, ejercer dominio.
La libertad del alma que quieren subyugar, la libertad del aire, en el suspiro de su mente imaginado, la libertad del corazón eligiendo: vivir libre, o morir en el intento.
La jaula que quiso imponer en la vida de Soledad, casi la misma que a él lo dejó pasar.
Ella hubiera apelado al que dejó a su verdugo en libertad y prefirió el camino que la ley le dictaba, siguiendo los pasos que su conciencia mandaba.
Marcar un límite, poner distancia.
Pero el verdugo la ronda eludió, y el macabro plan a su fin llevó.
¡Qué fácil fue, silenciar el flagelo del recuerdo, en su mente retorcida!
En cobarde fallo, la culpa silenciaba, y el destino sangriento compartía.
No hubo defensa para Soledad, no sirvieron leyes, ni jueces, ni periferia. No hubieron rejas que la pudieran salvar.
Ni régimen que le hiciera eco: alejar de por vida al agresor, su vital necesidad.
Caterva de soledades, un mar de destinos de  mujeres, compartidos.
Ayer fueron otras, mañana tal vez más.

Pero hoy, le tocó a Soledad.