31 de octubre de 2012

ÁCIDO Y SAL

Casi imperceptiblemente, las gotas del ácido veneno derriten mi pecho, mi acaso espíritu, dejándome sin rosas y sin vientos, sin norte y sin sur.
¿Por qué de pronto me ahoga el pensamiento en oleadas el dolor?
Por qué se puso ciego el horizonte que callaba, pero que en mis ratos de ausencias germinaba...
Por qué tú, por qué yo... Y el miedo a la distancia cada vez mayor, a la ceguera del universo ante este azar  y... miedo al miedo, por qué negar, de decir que sí...o decir que no.
Y... ¿qué tal un poco de lucha, de búsqueda, de voz, de pregón? ¿Por qué no preguntas, no defiendes, no respondes y sólo me dejas y huyes, como si no importara? Como si no.
Que, cuánto las estrellas cayeron desde que el último cielo vio nuestro desvelo, sólo lo sabrá Dios, y yo. Y vos.
Cómo, de repente, esta inmensa pena, tiene explicación.
He llegado a pensar que sobre mí pesa una maldición, aquél conjuro que alguna vez lanzó el alma negra de la sangre del odio y la represión. Será, porque no sé cuándo llega el momento o el comienzo, pero no lo alcanzo a respirar y ya me abandonó.
Es como morir, antes de haber vivido.
En el vientre, del suceso del paso de los tiempos, en este mundo sórdido y feroz, que de tanto despreciarme, antes de concebirme me abortó.
Pues ya no importa, si lo que el destino mentía, ya quedó escrito y tatuado con puñales en este corazón...
Por qué de repente, se nubla la visión, de estos ojos que han visto tanto, que ya pronto no...más no.
De tanto mancharme en tinta, ya no se distingue mi color.
Dejar de acumular cicatrices,  es que quisiera, pero no está  previsto, no.
Ya no escucho las voces del gentío, el silencio me rodea, me envuelve, creando un vacío en mi fragilidad, que ya no me deja respirar.
¿Será, que mires hacia mi, mi Dios, para que con tu luz , se desvanezca esta oscuridad?
Yo rogando por ti, y tu...
Ya, vuélvete escultura, de cemento, de hierro, o de viento.
¿Qué más da?
Si lo mismo ocuparás tu lugar en la galería que retengo, de las obras de arte de mi soledad. Serás tal vez, la más admirada, la más odiada, o la más amada, no lo sé.
Cómo si algo en todo esto importara, tu, yo, ellos o la nada...
Ya, te disuelves en sal y sólo... déjate arrastrar.
Llenarás la copa de mi sentencia, y te beberé con el furor... de mi demencia.
Al menos de aquí dentro, ya no saldrás.