21 de septiembre de 2012

MI SEÑOR

Sencillamente, de nuevo detengo mis pasos, me inclino ante Ti, y te agradezco.  
Mi corazón en gran humildad, quiere llenarse de tu presencia, de tu amor incomparable, de tu gracia, tu perdón.
Luego, inevitablemente, mi rostro busca el tuyo. Mira hacia el perenne cielo, cubriéndose de majestuosos rayos de sol.
Abro mis brazos y me lleno de la fragancia infinita de tu floreciente creación, hondo, más hondo hasta estallar mi pecho, de la brisa que me llena de vida.
De esta vida que tanto amo. 
Por la que cada día agradezco mi respiro, mis abiertos ojos, los latidos de mi corazón.
Por los que amo y hoy están, y por los que no y puedo recordar.
Porque ayer estuve mejor y mañana lo estaré aún más.
Por los que me aman y hoy están. 
Y por los que no, y al olvido van.
Porque tocas mi mente cada día y también mi corazón, recordándome que es a Ti, a quien debo mi razón.
Por los que amaré y estarán ahí para mí,  liberando mi mente y mi alma, llenándome de humildad y sencillez, de motivos para amar, para disfrutar; para soñar, para festejar, para vivir.
Y para agradecer, una y otra vez.
Gracias, mi Señor.
Amén.