13 de agosto de 2012

TUS PASOS

Las pisadas se pierden en el sendero angosto cubierto de hojas rojizas. Trato de seguirlas, de alcanzarlas, pero no puedo. La lluvia que lentamente empapa mi cuerpo, parece inundar también mi mente. ¡Oh, cuánto te extraño! ¡Cuánto de tus palabras suena en mis oídos, retumbantes, pero lejanas! Tan lejanas...
Corro. Mientras la lluvia nubla mis ojos, intento no perder de vista tus huellas, en el antiguo sendero. Corro más y más, pero en vano. Mi pecho explota de gritos dolientes y de vacío. Uno que ya nadie podrá llenar. El frío me abraza, junto con la oscuridad que cubre todo lentamente. Mis ojos dejan salir finalmente, la pena que colma mi interior. 
Mis pasos extenuados, siguen el rumbo de aquellas pisadas, que han desaparecido ya. Respiro hondo tratando de llenarme toda con tu aroma único e inigualable, antes que la lluvia termine de esparcirlo hacia el infinito. Cada sollozo me desgarra el pecho, me aturde el alma.
Jamás podré recuperarte. Lo sé...
Tus caricias rozan por última vez mi húmedo rostro. Y la oscuridad llena sin pausa, mi desolado interior.
Sé que alcanzarte no podré. Pero el oscilante ritmo de esta vida que no espera, que no para, que no se detiene a acompañar mi dolor, me llevará a ti de nuevo. A llenar mis brazos de tu calidez y mi alma con tu amor. 
Mientras, sólo me queda acariciar tu recuerdo y tratar de seguir tus buenos pasos. Silenciar mi mente, para recordar tu voz llenándome de sabiduría y amor. Jamás podré llenar tus huellas, pero con la ayuda de Dios, intentaré el reflejo de tus palabras en mi vida, de tu consejo en mis actos. De tu perdón en mi corazón. El amor que en mí sembraste, me hará crecer y ser cada vez mejor.
Entonces dejaré mis propias huellas para los que vendrán.
Porque las tuyas grabadas en mi alma,serán mi guía, AMADA MADRE MÍA.