9 de agosto de 2012

HASTA AQUÍ

Desde este sendero que hoy camino lentamente, en este instante, tomo profunda conciencia de cada ser, de cada cosa de este pequeño mundo a mi alrededor. Conciencia de cada detalle que lo llena de vida, de color, de aromas, de sabor. Cerrando mis ojos, percibo cada  sonido, la brisa llena de verdes, de agua fresca, de flores. El sol descansando tibio sobre mi piel. ¿Y qué me trajo hasta aquí desde el ayer?
Mirar hacia atrás no siempre porque extrañe, o porque anhele un pasado que no volverá. No por ser incapaz de enfrentarme con este presente o porque me resista a crecer. Ni porque me sienta más cómoda entre fantasmas conocidos, que entre vivos por conocer. Tampoco porque me de miedo madurar o dejar abandonados a la corriente del tiempo implacable, los proyectos que nunca serán. No por acurrucarme en la seguridad de los recuerdos o por sentirme más viva con el dolor de la soledad.
Definitivamente, no. Sólo por ajustar mis pasos, si las huellas que quedaron revelan confusión. Para no perder la guía que orilla mi camino, y buscar el mismo Norte que me guió hasta ahora. Olvidar el dolor, alejar la tristeza, ahuyentar la pena; sin olvidar el cuchillo, el abismo, el error que he cometido. Para dejarlo atrás y no repetirlo. Para envolverme de escudos, que me protejan de lo ajeno sin oprimir demasiado. 
Renovar mis horizontes, sumando los que he sobrepasado. Cambiar estos cristales, sin olvidar lo que logró empañar los anteriores.
Contemplar las viejas sombras, para buscar y proteger  la misma luz que las ha disipado. Poder distinguir a los verdaderos amigos, de aquellos que han simulado.
Porque no quiero echar al olvido, las gracias que aún no he dado. Porque quiero vivir, sin cuentas en rojo ni metas pendientes. Con mayor sabiduría y coraje, sin apartar mi vista del objetivo fijado. 
Y respirar hondo, por toda la carga que Dios ha erradicado de mi alma.
Miro aquél pasado, para vivir mejor éste mañana.