25 de julio de 2012

CINCEL

Cada viruta un latido, en la silenciosa talla del alma con cincel añejo, de viejas costumbres hirientes, hacedor de figuras, a fuerza de agresión y lágrimas, de vacíos y desconciertos.
Así va quedando el alma, temblorosa, aterida, humillada; pero ensanchada, surcada de figuras entrelazadas que fortalecen la imagen de esta veta, del quién soy y qué no quiero. Qué transformo y qué deshecho.
Ennoblecida, del álamo blando al duro ébano. Engrandeciendo cada detalle que busque en dibujo el cincel, con la belleza de su nuevo color: en tonos más duros, en miradas impenetrables, en caricias inconmovibles, inalcanzables.
Cada certeza creada por el martillo de los silencios y las ausencias, esconde en la maraña de aserrín y viruta, el camino hacia un corazón, hoy insondable. 
Esta imagen que resulté ser, salida del duro golpe de un fiero martillo, junto al castigo oxidado de un ordinario cincel...

//Mirando a un nuevo amanecer, una nueva oportunidad de escribir líneas perdurables en las páginas de mi vida. Una oportunidad única de tallar figuras perennes en éste nuevo madero con aroma a fresco, recién cortado de la noche que pasó. 
A respirar hondo y, simplemente, vivir. 
Pedir la bendición de Dios, y a tallar.
¿Cuántas figuras saldrán hoy? Qué perfil tendrán...
¿Qué figuras tallaré hoy? 
Con atención, quedarán para siempre...

Cuidar que la herramienta sea la de mejor talla, de la más delicada medida, del más suave toque, como una caricia. Cuidar que la figura resulte, una maravillosa escultura.
Qué hacer en el taller y que tipo de talla lograr.
Al final el color, el aroma , la textura de la obra, habla de la excelencia del trabajo...